¿Es seguro consumir carne en Veracruz? Impacto económico del gusano barrenador
La confirmación de un brote de gusano barrenador en el ganado de Minatitlán encendió una alerta que rápidamente alcanzó a los municipios vecinos, incluidos Coatzacoalcos.
Cortesía de Alejandra Velázquez Guzmán/Diario del Istmo

La confirmación de un brote de gusano barrenador en el ganado de Minatitlán encendió una alerta que rápidamente alcanzó a los municipios vecinos, incluidos Coatzacoalcos. Productores locales señalaron que en distintos potreros se han detectado animales con lesiones compatibles con esta plaga, lo que motivó inspecciones más estrictas y la aplicación de tratamientos sanitarios de emergencia.
La asociación ganadera del municipio explicó que este parásito no solo afecta la salud del hato, sino que también puede alterar la cadena de suministro de carne de res si los casos se expanden.
Este escenario inquieta a los consumidores, sobre todo a quienes dependen de la carne de res como parte habitual de su dieta. En una región donde miles de familias de ingresos medios y bajos la compran semanalmente en carnicerías y mercados, la posibilidad de que el precio aumente por la disminución temporal de animales aptos para sacrificio ha generado cierta incertidumbre. Las autoridades ganaderas han reiterado que los animales detectados fueron atendidos de inmediato y que gran parte de ellos logró recuperarse, pero eso no ha evitado que en los comercios se perciba una mayor cautela en la compra.
Ante esta situación, especialistas en consumo alimentario recuerdan que México ha mostrado en los últimos años una disminución gradual en la preferencia por la carne de res, mientras que pollo y cerdo han ganado presencia debido a su menor precio y disponibilidad.
Aplicando esos patrones a la región, se estima que en Minatitlán —con poco más de cien mil habitantes— podrían consumirse anualmente entre mil quinientas y mil seiscientas toneladas de res, mientras que en Coatzacoalcos, cuya población supera los doscientos mil habitantes, el consumo anual rondaría las tres mil doscientas toneladas. Aunque son cálculos aproximados, dan una idea de la magnitud del mercado que podría resentir cualquier alteración sanitaria o económica.
Frente a la posibilidad de un encarecimiento temporal, muchas familias ya consideran alternativas más accesibles, como pollo, cerdo, huevo o legumbres, que no solo alivian el gasto, sino que también reducen la dependencia de la res.
Comerciantes locales coinciden en que, mientras se mantengan los protocolos sanitarios y se garantice que la carne proviene de animales saludables, la confianza del consumidor no debería verse gravemente afectada; sin embargo, reconocen que la percepción pública es frágil ante cualquier noticia relacionada con riesgos en la producción ganadera.
Productores, por su parte, han intensificado las revisiones en sus potreros para detectar heridas, larvas o signos que indiquen la presencia del parásito. También insistieron en que el hato local requiere apoyo institucional constante para evitar que el problema se expanda y termine golpeando no solo al sector ganadero, sino también al bienestar económico de quienes dependen de la carne como parte de su alimentación cotidiana.
La región sur de Veracruz continúa en vigilancia sanitaria, mientras compradores y vendedores esperan que las medidas implementadas logren contener el brote y evitar repercusiones mayores en el precio y disponibilidad de la carne de res.