El paseo por las escolleras: Una experiencia única

El paseo por las escolleras: Una experiencia única

Valeria Sánchez Mendoza/Latidos del Sur

Al bajar del auto, lo primero que golpeó mis sentidos fue una fuerte ráfaga de viento acompañada por los intensos rayos de sol que besaron mi piel. Me dirigí a las escolleras de Coatzacoalcos con la intención de pasar un buen rato, siendo asaltada por el olor de los distintos alimentos que vendían los vendedores antes de llegar a lo que sería el inicio de una gran aventura.

Al entrar, lo primero que pude ver fueron las estructuras que este paseotenía. Posterior a esto empecé a caminar por el lugar. Cantos de las aves acompañaban mi camino, niños jugando y conversaciones de gente podían distinguirse desde la playa, aunado a las olas del mar que generaban una sinfonía agradable.

Por la entrada, hay comerciantes de cocos y raspados, los cuales pueden auxiliar la experiencia al vender bebidas refrescantes combatientes del intenso calor que esa tarde estaba proporcionando.

Esta había sido la primera vez en mucho tiempo que entraba por el lugar, fue irónico, sentimientos de nostalgia por una experiencia que ya no recordaba me habían invadido, y aunque la caminata fue placentera, mi corazón no pudo evitar sentir tristeza al ver que el lugar se encontraba algo descuidado, sorprendiéndome la forma en que el paso del tiempo había hecho de las suyas.

Ese lugar es uno de los más visitados de la ciudad, es muy fácil encontrar gente paseando por la zona y aquella vez no fue la excepción, ya que podías ver desde familias trayendo a sus hijos, hasta parejas que querían pasar el rato.

Durante mi trayecto pude percatarme de los pájarosvolando por los cielos y de las personas que iban pasando por el lugar, pero lo que más atrajo mi atención fue un misterioso palo que se encontraba en el centro del agua.

“A lo mejor es el mástil de un barco”, dijo mi madre, quien me iba acompañando en esta aventura, mientras yo intentaba descifrar el origen de aquel palo al centro del mar.

En algún momento del viaje llegó un olor desagradable.

“Debe ser algún animal muerto”, me informó.

Afortunadamente la indeseable fragancia desapareció después de avanzar un poco. Fue ahí cuando me di un tiempo para contemplar un espectáculo interesante: era la ciudad, la cual se encontraba cubierta por una neblina. Volteando a ver al hotel de Holiday Inn pude tener una vista con tintes tétricos desde las escolleras.

“Esa niebla es producto de la contaminación”, me explicó mi madre, algo que me puso un poco triste por el estado en el que se encontraba el mundo.

Algo que para mí hizo contraste con aquella vista, fue ver los rayos del sol tocando suavemente el cuerpo marino enfrente de mí, generando una imagen etérea que esta ciudad tiene por ofrecer.

Viendo las piedras pude presenciar el tono verdoso que estaba empezando a sentarse en el fondo de estas, dejándome cautivada por la vitalidad natural que reflejaba aquella zona donde el verde y el azul hacían una conexión sublime.

Una garza que había aterrizado en una de las rocas había capturado mi atención. Aquella especie paseaba elegantemente por la zona, moviendo sus patas entre las piedras y ocultándose entre ellas como la verdadera ama de estas playas.

Al fisgonear por allí pude notar varias cosas. Una de esas fueron los pescadores, quienes preparaban sus redes con la esperanza de capturar algún pez que pudiera traer alimento a sus hogares.

En algún punto del trayecto, un barco emergió de la costa, fue interesante, era un barco de la marca de construcción en altamar, Van Oord, la cual coincidentemente fue acompañada por el paso de lancha, otorgando una imagen interesante.

Conforme el navío avanzaba este iba despidiendo un olor mortal transmitiendo la fatal contaminación acompañada por el negro de los humos que aquella embarcación despedía.

Al voltear hacia adelante pude notar el faro cerca, los colores del piso generaban una vista interesante dando a luz la imagen de lo que parecía un sol combinando picos rojos y amarillos que daban autenticidad a los suelos de este bello lugar.

Con su presencia imponente me recibió mientras el mar hidrataba, de manera sonora, los límites de esta exquisita ciudad, el piso empapado me atrajo hacia las fuerzas inigualables de la espuma del mar chocando violentamente contra las piedras, mientras las gotas salpicaban contra mi piel apagando ligeramente las llamas del calor que el sol dejaba caer en mí ser.

Pasado un tiempo, decidí volver al resto de la civilización, fui despedida con peñascos que tenían una forma peculiar, dibujando mi curiosidad de los que aquellas formas significaban.

“¿Por qué tienen esa forma exactamente?” pensé.

Contemplé las posibilidades del origen de estos roquedos.

“¿Ya estaban así o alguien les dio esa forma?”, reflexioné brevemente.

Pude notar al salir que las estructuras tenían algunos mensajes interesantes, quise dirigirme a ellos y leer algunas de las cosas que estaban escritas generando que una pequeña risa escapara de mis labios.

En algún punto de mi viaje de regreso, el cansancio dominó mi cuerpo, razón por la que decidí sentarme en una de las bancas para descansar un poco, la textura rocosa de estas motivó que mi mano paseara por el asiento, el cual se sentía cálido y acogedor.

Decidí encaminarme hacia mi hogar, bajando la mirada pude notar aquellos cuadrados rojos que se encontraban medio despintados marcados por el paso de los años, además de la ligera curvatura que había en el centro.

El tiempo aunado al salitre había hecho de las suyas en algunas estructuras que se encontraban en el lugar, las cuales se encontraban ligeramente desmoronadas, llenando de tristeza mi corazón.

El sonido de los vasos rodando resonaba al caminar por la zona, lo que me hizo notar la cantidad de basura que había por el lugar, no solo en el piso, sino también abajo, arriba de las rocas, algo lamentable puesto que se contaminaba el lugar.

Volteé al frente, escalofríos recorrieron mi espalda al ver lo lejana que se veía la civilización, lo hondo que se sentía el océano desde donde me encontraba, mostrándome que podía ocultar una gran profundidad mucho más allá de la hermosa impresión que esta otorga.

“¿Cómo sería estar dentro del agua desde esa distancia?”, pensamientos como esos invadían mi mente.

Finalmente, salí del lugar, personas estaban pasando el tiempo en la playa, se veía agradable, el viento aún conectaba con mis oídos y la esencia del agua me despidió amorosamente mientras me iba acercando al carro, tatuando en mi mente un bello recuerdo que solo esta ciudad me podría ofrecer.

Latidos del Sur

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