La autolesión en adolescentes y la urgencia de escuchar.

La autolesión en adolescentes y la urgencia de escuchar.

Es una problemática que afecta a adolescentes y que, en muchos casos, permanece oculta detrás del silencio, el miedo o la incomprensión

Aretsi Jaramillo / Latidos del sur

La adolescencia es una etapa marcada por transformaciones profundas. Durante estos años, los jóvenes construyen su identidad, redefinen sus relaciones sociales y enfrentan cambios emocionales intensos que pueden resultar difíciles de comprender incluso para ellos mismos. En medio de ese proceso, algunas emociones como la tristeza, la ansiedad, la frustración o la sensación de soledad pueden adquirir una intensidad abrumadora.

Cuando estas emociones no encuentran un espacio seguro para ser expresadas, algunos adolescentes recurren a conductas que buscan aliviar el dolor emocional de forma inmediata. Una de ellas es la autolesión, una práctica que consiste en provocarse daño físico de manera intencional como una forma de liberar o canalizar el sufrimiento interno.

Aunque durante mucho tiempo fue un tema poco visibilizado, actualmente la sociedad comienza a prestar mayor atención a esta problemática. En el marco del Día Mundial de la Concienciación sobre la Autolesión, especialistas, docentes y jóvenes coinciden en que hablar abiertamente sobre el tema es un paso fundamental para comprenderlo y prevenirlo.

Este reportaje reúne tres miradas distintas sobre el fenómeno: la experiencia de una adolescente que ha vivido este proceso, la perspectiva de una maestra que ha acompañado a generaciones de estudiantes y la explicación de una psicóloga especializada en salud emocional.

Comprender la autolesión desde la psicología

Desde la psicología clínica, la autolesión se define como el acto de provocarse daño físico de manera intencional sin la intención directa de terminar con la propia vida. De acuerdo con la Asociación Americana de Psiquiatría, este tipo de conducta suele estar relacionada con la dificultad para manejar emociones intensas o con la necesidad de expresar un malestar emocional profundo.

La psicóloga Luisa Martínez Ortiz explica que, en muchos casos, la autolesión funciona como un mecanismo para regular emociones que resultan demasiado difíciles de procesar.

“Muchos adolescentes no saben cómo expresar lo que sienten o sienten que nadie los va a entender. Entonces recurren a la autolesión como una forma de liberar esa tensión emocional”, relata.

La especialista señala que este tipo de conductas suele aparecer con mayor frecuencia durante la adolescencia, particularmente entre los 12 y los 16 años. Durante este periodo, los jóvenes atraviesan cambios físicos, sociales y psicológicos que pueden generar confusión, inseguridad y presión social.

Entre las causas emocionales más comunes se encuentran sentimientos de tristeza profunda, ansiedad, frustración, enojo, culpa o una sensación persistente de vacío emocional. También pueden influir factores externos como conflictos familiares, problemas de comunicación en casa, situaciones de violencia, acoso escolar o presión social.

Además, la psicóloga destaca que uno de los mitos más extendidos sobre la autolesión es considerarla una simple forma de llamar la atención.

“Decir que una persona se autolesiona solo para llamar la atención es minimizar el problema. En realidad, cuando alguien llega a ese punto, lo que está expresando es un sufrimiento emocional muy profundo”, comenta.

Por ello, insiste en que la respuesta más adecuada ante estas situaciones es escuchar sin juzgar y buscar apoyo profesional.

Una historia que comenzó en silencio

Para una joven que decidió compartir su experiencia de forma anónima, la autolesión comenzó cuando tenía apenas 11 años.

En ese momento cursaba la primaria y enfrentaba inseguridades personales que poco a poco fueron afectando su bienestar emocional.

“Todo empezó porque no me sentía segura de mí misma”, recuerda.

Durante ese periodo, sus padres no se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo y en la escuela tampoco encontró el apoyo que necesitaba. La falta de comunicación y la sensación de estar sola hicieron que guardara sus emociones en silencio.

Con el tiempo, la autolesión comenzó a convertirse en una forma de liberar el dolor emocional que acumulaba.

“Cuando estaba triste, eso me hacía sentir mejor porque así podía sacar todo lo que sentía”, puntualiza.

Durante varios años, la joven no habló con nadie sobre lo que estaba viviendo. Sentía que no tenía la confianza suficiente para contarlo en casa y tampoco encontraba apoyo entre sus compañeros.

El cambio comenzó cuando ingresó a la secundaria. Una compañera se acercó a ella y le expresó su preocupación.

Le dijo que no quería verla lastimarse y que podía contar con su apoyo en cualquier momento. Ese gesto de empatía marcó un punto importante en su proceso.

Con el paso del tiempo, la joven logró hablar con sus padres y comenzó a construir una red de apoyo con amigos que la escuchan y la comprenden.

Actualmente afirma que lleva varias semanas sin autolesionarse, un logro que representa un paso importante en su proceso de recuperación.

Su mensaje para otros adolescentes que atraviesan situaciones similares es claro: no enfrentar el dolor en silencio.

“No se guarden lo que sienten. Si algo les duele o les afecta, hablen con alguien”, aconseja.

La mirada desde el aula

Los maestros también desempeñan un papel importante en la detección de problemas emocionales entre los adolescentes. Al convivir diariamente con los estudiantes, muchas veces son testigos de cambios en su comportamiento que pueden indicar que algo no está bien.

La maestra de secundaria, Ligia Cano, con 18 años de experiencia, explica que con el paso del tiempo ha aprendido a observar a sus alumnos con mayor atención.

Según comenta, uno de los primeros indicios suele ser un cambio en la conducta.

“Hay alumnos que se vuelven muy rebeldes o muy tímidos. En algunos casos también empiezan a cubrir más su cuerpo o se ven más tristes y dispersos”, precisa.

A lo largo de su trayectoria docente, también ha notado que los problemas emocionales parecen hacerse más visibles en las nuevas generaciones.

“Antes no sé si los jóvenes lo ocultaban más o si tenían más fortaleza emocional, pero ahora vemos muchos casos en los que no pueden controlar sus emociones”, añade.

Para la maestra, factores como el uso de redes sociales y el acceso constante a la información han cambiado la forma en que los adolescentes viven sus emociones y enfrentan sus problemas.

Cuando un docente descubre que un alumno se autolesiona, la situación puede resultar profundamente impactante.

“Da mucha tristeza e impotencia pensar que un niño de 12 o 13 años esté pasando por tanto dolor”, asevera.

Estas experiencias también han transformado su manera de relacionarse con los estudiantes. Hoy considera que los maestros deben acercarse a los adolescentes con mayor empatía y sensibilidad.

También reconoce que muchas veces los jóvenes buscan en los docentes una figura de confianza.

“Los alumnos muchas veces confían en nosotros y nos cuentan cosas muy personales. En esos momentos lo más importante es orientarlos y ayudarlos a buscar apoyo”, explica.

El papel de la familia y el entorno

De acuerdo con especialistas en salud mental, la familia y el entorno social desempeñan un papel fundamental en la prevención y recuperación de la autolesión.

La psicóloga entrevistada indica que un ambiente de apoyo, comprensión y comunicación puede ayudar significativamente a los adolescentes que atraviesan momentos difíciles.

“La familia y los amigos son una red de apoyo muy importante. Cuando los jóvenes sienten que pueden hablar sin ser juzgados, es más fácil que busquen ayuda”, resalta.

También destaca la importancia de enseñar a los adolescentes estrategias saludables para manejar sus emociones.

Entre ellas se encuentran la práctica de actividad física, la expresión artística, la escritura, el diálogo con personas de confianza y el desarrollo de habilidades de regulación emocional.

La autolesión es una problemática compleja que refleja el sufrimiento emocional que muchos adolescentes enfrentan en silencio. Detrás de cada caso existe una historia marcada por inseguridades, conflictos personales o la falta de espacios para expresar lo que se siente.

El testimonio de una joven que vivió este proceso, la experiencia de una maestra que ha acompañado a generaciones de estudiantes y la perspectiva de una psicóloga coinciden en un punto fundamental: hablar del tema es necesario para comprenderlo y prevenirlo.

Romper el silencio, escuchar con empatía y ofrecer apoyo pueden marcar una diferencia significativa en la vida de quienes atraviesan momentos de dolor emocional.

En ese sentido, el Día Mundial de la Concienciación sobre la Autolesión representa una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de la salud mental en la vida de los jóvenes y para recordar que ninguna persona debería enfrentar su sufrimiento en soledad.

Porque muchas veces, detrás de las heridas que no se ven, hay historias que necesitan ser escuchadas.

Latidos del Sur

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